Se acaba el año y, sin apenas darnos cuenta, en el verano de este otro año que acabamos de empezar, 2018, cumpliremos cinco años de aventura.
Siete títulos y una coedición. Esas han sido las cifras, modestas, de un 2017 en el que hemos intentado reequilibrar el catálogo, publicando más novedades de las colecciones literarias que del resto de colecciones. En este caso, de Libros del Borde, la colección de ensayo político, solo hemos publicado un título: Autoridad y culpa. Apuntes de Filosofía Política, de Víctor Atobas; un libro con mejor salida de la que esperábamos y al que le queda mucho recorrido todavía.
De nuestra línea de fanzines, nos hemos vuelto a dejar en el tintero el último número de COTARRO, cuya edición está cerrada pero del que no hemos sacado las 100 copias que siempre tiramos en fotocopiadora. Por contra, Infancia y control social. Desmontando mitos sobre infancia y escolarización, de Mario Andrés Candelas, ha sido un fanzine con el que le hemos podido dar continuidad a una línea editorial que nos interesa especialmente y que está relacionada con temas de infancia.
Otro de los errores de este año ha sido que finalmente no hemos podido publicar ningún texto de nuestra Serie Transhistorias. Un error del que pretendemos resarcirnos el año que entra y que esperamos no volver a repetir, ya que la de historia es una de las colecciones fundacionales de la editorial y hay muchos lectores que le siguen la pista.
Por su parte, la colección de la que más títulos hemos publicado ha sido la de poesía, Caja de Formas, que poco a poco se va cerrando y que está cumpliendo con nuestras expectativas. Hasta tres novedades de esta colección han visto la luz este pasado año: Poemas rescatados de las llamas, de Víctor Mesa, Las voces indomables, de Manuel Lombardo Duro, y Pequeñas canciones para un circo mudo, de Ángel Rodríguez, el último libro que hemos publicado en el año.
Por otro lado, el perfil literario de la editorial se ha visto reforzado este año, además, con la publicación de dos títulos con mucho trabajo detrás. El primero de ellos ha sido de La hemorragia de Constanza, de Damián Cordones, un título que nos reportará muchas satisfacciones a medio plazo y que ha engrosado la lista de títulos publicados en nuestra colección de relato, Cuentos Secuaces. El segundo título a tener en cuenta en este sentido ha sido La tribu del abecedario, del que hablamos sobradamente en la última entrada de este mismo blog.
Finalmente, y junto a los errores y decepciones que nos han hecho seguir aprendiendo, a lo largo de este año hemos tenido un buen puñado de alegrías reseñables. La primera es que, gracias a la labor de mi compañera Araceli, hemos aumentado considerablemente el número de puntos de venta, mejorando al mismo tiempo el control del proceso de distribución de nuestros títulos. Por otro lado, hemos sacado nuestra primera coedición, en este caso con los compañeros de Calumnia Editorial. Se trata de La Tormenta, una pequeña revista de poesía que pronto liberaremos en internet y cuyo segundo número se publicará dentro de unos meses. Por otro lado, hemos podido apoyar a algunos proyectos libertarios (siempre muchos menos de lo que nos gustaría) aportando libros para sus bibliotecas sociales, lo que siempre es una satisfacción porque contribuye a forjar vínculos entre iniciativas afines.
En definitiva, 2017 ha sido un año en el que hemos consolidado una parte del trabajo que veníamos desarrollando desde que decidimos tomarnos la editorial como un proyecto de continuidad que, más allá de los fanzines, trabajara sobre la base de un puñado de colecciones que dieran salida a nuestros intereses como editores. Esperemos que 2018 nos permita seguir avanzando en esta línea. Por nosotros no va a quedar, ya que tenemos que batirnos el cobre para sacar adelante la decena de proyectos comprometidos para este año que entra (y principios de 2019). ¡Avanti PPL!