Poemas rescatados de las llamas

Mañana mismo nos llegan los ejemplares de la primera tirada de Poemas rescatados de las llamas, el cuarto título de nuestra colección de poesía, Caja de Formas. Hay mucho trabajo detrás de ese poemario. Trabajo por parte del autor, desde luego, pero también por parte nuestra. Es la primera vez que le metemos mano a un poemario tan extenso como el de Víctor Mesa y el hecho de que muchos de los versos sean bastante largos nos ha obligado a darle muchas vueltas a todo el trabajo de maquetación. La corrección también ha tenido lo suyo.

En todo caso, estamos muy contentos de cómo ha quedado el libro. Será el primer poemario publicado de Víctor Mesa (fuera de obra colectiva) y nos sabe muy bien haber iniciado el año publicando a dos autores tan jóvenes como él y Víctor Atobas, artífice de Autoridad y culpa. Apuntes de Filosofía Política.

Las presentaciones de ambos libros se realizarán en este mismo mes y será un gusto compartir con los autores la publicación de sus trabajos. No obstante, nos hace especial ilusión compartir un rato con todos nuestros amigos y lectores de Jaén, que seguro acudirán a la presentación del libro de Víctor. De hecho, la colección Caja de Formas se planteó en su día como un aporte más a la nutrida (y nutritiva) escena poética local, donde espacios como La Caja de Lot o el Slam Jaén siguen en plena forma.

«Amor a la vida»

He estado a punto de caer. «Amor a la vida», así se llama el relato de Jack London que casi publico en la colección de cuento. Una tentación, claro. Y es que digo he estado a punto de caer porque tras editar El mexicano me prometí leer con calma a London. Y es esa, calma, una palabra clave en este asunto. Porque qué sentido tiene sacar una edición más de un relato publicado en mil sitios, muy accesible al público y bien traducido por Carmen Criado en la edición de Alianza Editorial*. Ninguno.

Pero «Amor a la vida» es un relato pozo. Uno se asoma a él y no ve casi nada, tan solo el fulgor de un reflejo de belleza antigua, y áspera. Un cuento que sabe a gran literatura, esa que tiene forma de camino y al final es una (bendita) trampa. Por eso mismo este relato merece ser tratado con amor y cierto desprendimiento; lo que obliga a templar los nervios, dejar pasar el tiempo sin angustia y no desmerecer con mi torpeza un texto, este del escritor yanqui, sobre el cual edificar una universidad invisible.

* «Amor a la vida» se incluye en El silencio blanco y otros cuentos, Jack London (Alianza Editorial. Madrid: 1978, trad. Carmen Criado).

Los 7 magníficos de 2016

2016 acaba y nos dejamos un año con 7 títulos más en nuestro catálogo.

Empezamos la hornada con Ni intelectualismo ni estupidez, de Wolfi Landstreicher, un pequeño texto del que me enamoré tras leerlo del tirón en la web de la revista Nada. Cuarto título de la colección de fanzines, resume como ningún otro buena parte de lo que pienso con respecto al papel de los “expertos” y “opinólogos” en la sociedad actual.

Cuaderno de veredas es el último libro de poemas que hemos editado. Tenía muchas ganas de que José Pastor, un currante de la vida y la literatura, tuviera en la calle un poemario a través del cual recorremos un trecho del itinerario vital de un poeta al que le queda mucho mundo, y poesía, en las alforjas.

El tercero del año ha sido el mío: El Club de los Poetas Hiperviolentos. Un libro que escribí poco después de finiquitar 50 pasos para dar el salto… y que afronté con la pretensión de apartarme del microrrelato. Una coleccción de cuentos en la que trabajé durante años y con la que, ahora sí (tras su reedición hace unos meses), sonrío satisfecho, sobre todo tras ver como algunos de sus relatos han fecundado en mi cabeza historias nuevas de las que el tiempo ya dirá.

Otro título que me ha obligado a repensar algunas ideas de este proyecto editorial ha sido Carl Einstein o la historia casi imposible, un folleto de la Serie Transhistorias del que sacaremos dentro de unos meses su tercera versión, tras reeleborar sucesivamente una cubierta con la que hemos tenido más problemas de la cuenta y que, todo hay que decirlo, ha deslucido las buenas sensaciones que la salida de un título nuevo suele producir en cada editor.

El “pelotazo” del año ha sido Contra el running. Corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial, de Luis de la Cruz; un ensayo breve que ha tenido una extraordinaria repercusión en prensa y que ha inducido una modificación de los criterios asociados a la distribución de nuestros libros, propiciando que el tiempo dedicado a esta faceta de nuestra tarea editorial se multiplique (con el ánimo, sobre todo, de no fallar a nuestros lectores con demoras innecesarias).

Por su parte, Arte y Revolución en la Comuna de París, es el primer libro fresado que publicamos en la Serie Transhistorias. Con un diseño muy particular, pues el libro es casi cuadrado, la estructura final de este título se la debemos a Pepe Gutiérrez-Álvarez, uno de los autores, que tuvo a bien gestionar la cesión de un artículo de Miguel Romero, fallecido en 2014, para este pequeño ensayo que para nosotros a supuesto un salto adelante en una de las colecciones a la que más cariño tenemos.

Por último, la reedición de La Nueva Utopía, el clásico de Ricardo Mella, se acabó transformando en una apuesta por elaborar una edición bella en todos los sentidos; algo que, no me cabe duda, hubiera sido imposible sin el concurso de Araceli Pulpillo, gracias a la cual el proyecto Piedra Papel Libros se ha sostenido en su tercer año y encara 2017 con cierto optimismo, refrendado sobre todo por el aliento sostenido de nuestros lectores y lectoras, que cada vez son más y a los que les debemos todo, también esta alegría con la que despedimos 2016.

En el puente con Carl Einstein

Edito desde la frontera, desde un situación liminar. Punto indefinible en el GPS de las etiquetas, nunca sé muy bien en qué lado del papel me encuentro. ¿Escribo? ¿Edito? ¿Leo? Qué más da. Conozco bien ese paisaje borroso.

Paso el tiempo en esa línea. Sigo pensando en el Proyecto Benjamin, un experimento a medio camino entre el ensayo y la autoficción. A veces me cuesta horrores escribir por fuera del estilo ficcional. Venga, retomémosle el pulso a este diario atípico.

Empezamos de nuevo. Carl Einstein. De lleno en el proceso de investigación sobre la vida y obra del alemán, empiezo a entender qué hay detrás de esta renovada obsesión. Lo primero, varias líneas paralelas. Einstein, el gran descubridor del arte africano, tan cerca del Chris Marker de Las estatuas también mueren. Einstein, el perseguido, circundando el hormiguero de la muerte junto a Benjamin, muy cerca el uno del otro. Einstein, el que saltó del puente, como hiciera Paul Celan treinta años después.

Líneas de fuga que me llevan, también, a los campos de Aragón, al entierro de Durruti, a su huida precipitada a través de los Pirineos, a esa foto en el café de Perpiñán donde se le ve arrastrar un cansancio de siglos… Einstein, el judio refugiado al que encierran en un campo de concentración francés. Einstein, el que flota en el río. Einstein, el que acaba como todos los sin nombre, en una fosa común a las afueras de Europa.

Carl Einstein o la historia casi imposible, de José Mª de Luelmo, es lo primero que publico sobre él. Sirva de pequeño homenaje.

Los que habitan mi catálogo

Rosa Luxemburgo, 1919. Una insurrección fallida. Una vida a mil por hora resumida en una carta al mundo. El orden reina en Berlín, 2000 palabras disparadas contra el muro de la historia la noche que veló su asesinato. Carteles pidiendo su cabeza y la de su amigo Karl. Vivos o muertos, eso no importa. Una patrulla que entra en casa, golpes de culata contra la mujer que puso en vilo el orden criminal de los sepultureros de la Revolución. Su cuerpo flotando en el río, incapaz de hundirse, hinchado de inmortalidad.

Andreu Nin, 1937. Su voz inclemente señala desde el estrado del Principal Palace de Barcelona. Su conferencia, El problema del poder en la Revolución, deja las cosas claras. No teme mancharse. «Mil veces más cerca de la FAI que del PSUC», dice. Alguien se remueve en la sombra. La suerte está echada para los que osan desafiar al gran timonel del proletariado internacional. Papá Stalin siempre dice la verdad. Un par de semanas después, Andreu desaparece sin dejar rastro. Torturado, asesinado, la vileza de sus captores no conoce límites. «¿Dónde está Nin? En Salamanca o en Berlín», cantaban los chavales de las JSU. Sabían la verdad y no conocían vergüenza.

Georges Palante, 1925. Una vida en pie de guerra contra la enfermedad. Una vida a pie de obra, enfrentando cada burla con un paso adelante, sin miedo al vacío. El chico elefante, el marido de la prostituta, el lector de Niezstche que tuvo el coraje de enfrentarse a Durkheim, de asumir el ostracismo intelectual antes que renegar de sus fundamentaciones. ¿La sociedad? Tan opresora como el Estado, piensa. Su tesis, rechazada por los popes de la sociología francesa, queda arrumbada en un cajón. Un 5 de agosto decide poner punto y final. El gesto acaba también con el dolor. Hillion será su última casa.

Carl Einstein, 1940. Una vida se dirime en la barandilla de un puente. Sur de Francia, el crítico de arte ha escapado del campo de concentración. Él como Benjamin, él como Celan. Hace memoria: una vida dando aliento a los que luchan dentro y fuera del papel. 1919, codo a codo con los hijos de Espartaco en las barricadas de Berlín. 1936, en las trincheras de Aragón, mano a mano con sus compañeros de la Columna Durruti, soñando con darle la vuelta al mundo junto a toda una legión de parias. Serán los malparados. Los nazis le quieren muerto. Sale volando. Su obra se posa en mi mesa de trabajo ochenta años después.

Colgados por la imprenta

Bueno, pues ya se veía venir, pero definitivamente nos hemos quedado sin imprenta. Ha cerrado las puertas con varios pedidos pendientes de salida y, lo que es peor, no sé cuándo me van a devolver el dinero que pagué por ellos. Teniendo en cuenta el presupuesto de la editorial y el esfuerzo que invertimos en ella, es algo que lastima y que, por otro lado, hace más difícil continuar hacia delante.

Las consecuencias inmediatas son varias. Por un lado, todavía no he podido realizar las presentaciones de los dos últimos títulos que he sacado: Cuaderno de veredas y El Club de los Poetas Hiperviolentos. Tampoco he podido atender varios pedidos que se interesaban por materiales pendientes cuya reimpresión había sido solicitada en el pedido del que os hablo. Para colmo, en estas fechas suelo acudir a varios encuentros y ferias del libro donde se vende bastante, pero al tener varios títulos agotados no puedo exprimir el beneficio al máximo (algo imprescindible para seguir sacando novedades).

De todas formas, si algo tengo claro ahora es que voy a continuar con el proyecto. Ahora mismo estoy buscando otras imprentas y ya he encargado una pequeña reimpresión de tanteo con una nueva. La mayoría de ellas ofrecen el mismo precio en los títulos fresados, pero me dan presupuestos muy abultados para los folletos grapados (de los que tengo siete en el catálogo). Es algo que tengo que solucionar en breve, junto con la devolución de lo pagado en las reimpresiones encargadas.

En julio de este año Piedra Papel Libros cumplirá tres años de existencia. El proyecto no ha avanzado todo lo que yo quisiera, pero sí lo suficiente como para luchar por él con determinación y aguante. Tampoco estoy solo en esto. Si de algo me ha servido este momento complicado de la editorial, es para darme cuenta de que las cosas se han de hacer con calma y con la suficiente planificación. Es lo que pretendo a partir de ahora. Ser más realista, claro, pero no como una mera opción de conformidad, sino como base para asegurar la progresión de este proyecto que, espero, dure mucho tiempo más.

Cajas de Formas

Ya han pasado un par de semanas desde la publicación de Cuaderno de veredas, el poemario de José Pastor, la tercera entrega de nuestra colección de poesía: Caja de formas. Son muchos los lectores a los que les ha gustado la idea de esta colección, seriada en diez entregas y con un diseño muy particular que, como su nombre indica, juega con la idea de la caja de formas geométricas con la que suelen jugar los niños.

Hace mucho tiempo, buscando recursos para diseñar una cubierta, me topé por casualidad con un artículo sobre los valores educativos de algunos juegos para niños más o menos tradicionales. En concreto, me quedé prendado del potencial de un juego tan sencillo como el que nos ocupa hoy, pues estimula en los niños la capacidad de planear, predecir y resolver problemas sencillos. A partir de ahí, concebí la colección con la intención de dar cabida en ella a diez poetas muy distintos que, en cierta manera, tuvieran capacidad para encarnar distintas formas, ya no solo de escribir poesía, sino de entender lo poético.

Afortunadamente, poco a poco voy puliendo algunos defectos de maquetación y diseño de cubierta de esta colección que, libro a libro, se va completando. De hecho, en lo que queda de año espero publicar otro poemario más, dejando casi mediado este proyecto tan importante para Piedra Papel Libros que, espero, se siga consolidando con el paso del tiempo.

Una mujer venciendo

En todo este tiempo no le he visto la cara. No sé quién es. Sin embargo, la mujer de la que hablo tiene mucho que ver con esta aventura, Piedra Papel Libros, con su viabilidad, con su supervivencia. Desde el primer libelo hasta el último libro que acabamos de cerrar, su ayuda ha sido inestimable para rebajar el importe de los pedidos a imprenta. Y eso no es poco; no para el autor de este diario.

Por supuesto, no todo es jauja, seguro que nos hemos puesto mala cara detrás de algún correo electrónico, pero eso es lo de menos. Lo de más es dolerse por la gente que, se quiera o no se quiera, está detrás de las cosas por las que uno pelea, como este proyecto editorial desesperado y loco, paciente, duro como una piedra.

Mi comercial no es eso. No solo. Me ayuda a que los libros salgan a tiempo y es diligente, educada y ciertamente cordial. He hablado unas cuantas veces por teléfono con ella y, más allá de lo evidente, más allá -y espero no equivocarme, que tengo mal oído- de ese acento sevillano tan reconocible, se halla una profesional en fondo y forma. Pero eso, aquí también, es lo de menos. Lo que importa es lo que digo, ahora, justo ahora, lo que te digo, M: Eres fuerte, vas a vencer y vamos a hacer muchos, muchos, muchos libros más… Yo cuento con ello.

Colaboradores necesarios

Una de las cosas claras que tuve cuando echó a rodar la aventura Piedra Papel Libros es que tenía que convertirme en un hombre orquesta. A partir de ahí, saber hacer un poco de todo y capacitarse en lo posible (e imposible, diría) se convirtió en una exigencia perentoria. Maquetar, llevar las cuentas, diseñar colecciones, actualizar redes sociales… Mucho curro al que, para más inri, hay que sumar todo lo concerniente a la distribución y venta directa. Con el paso del tiempo, y aunque sea a trompicones, el trabajo planeado con cierto detenimiento va saliendo hacia delante, lo que, se mire por donde se mire, no deja de ser una pequeña satisfacción.

No obstante, para que el barco se mantenga a flote, tengo una pequeña red de colaboradores que ya se han hecho imprescindibles y de los que, poco a poco, me gustaría dar cuenta en esta bitácora sui géneris. Julia Cortés, por ejemplo, siempre cierra las cubiertas que le encargo; cubiertas cuya composición pergeño yo mismo un poco antes y que ella desarrolla en photoshop sacando tiempo de donde no lo tiene. Ni que decir tiene que, al cabo, ningún proyecto de este tipo puede mantenerse durante cierto tiempo si no cuenta con el apoyo necesario. Yo tengo esa suerte y quisiera agradecerlo aquí. Justificado el mayestático, sigamos trabajando pues.

Agotados (y no de esperar el fin)

Conforme pasa el tiempo, el catálogo de Piedra Papel Libros crece, y eso es bueno. Pero también es malo. Malo en el sentido de dificultoso. Malo en el sentido de ir sumando pequeñas complicaciones que, cómo no, hay que aprender a sortear de alguna forma. Hoy hablaré de una de ellas.

Trabajar con pocos recursos implica, entre otras cosas, estar obligado a realizar tiradas pequeñas de cada novedad que saco. Esto favorece que el catálogo no se estanque (ganando así mucha más visibilidad), pero genera inconvenientes lógicos. El más latoso es tener que reimprimir constantemente los títulos que, debido a su corta tirada, se van agotando a cada poco. En realidad, es un auténtico círculo vicioso que, mal que me pese, no he sabido todavía romper. Y es que, se mire por donde se mire, no es de recibo tener tres o cuatro títulos agotados (o a punto de hacerlo) de forma permanente; ya no solo por lo que tiene de lioso en relación a la atención de los pedidos, sino porque implica tener menos dinero para tiradas amplias de los nuevos títulos.

Quizá solucionara esta cuestión sacando menos textos al año, abaratando aún más los costes de impresión o dando por muertos algunos de los títulos publicados a los que, de una manera u otra, ya he sacado partido. En todo caso, será una cuestión a resolver en los próximos meses y que, todo sea dicho, me plantea una serie de retos que tienen que ver mucho con las capacidades de gestión de un proyecto económico o social cualquiera. Quién me diría que me iba a ver en estas.