Cajas de Formas

Ya han pasado un par de semanas desde la publicación de Cuaderno de veredas, el poemario de José Pastor, la tercera entrega de nuestra colección de poesía: Caja de formas. Son muchos los lectores a los que les ha gustado la idea de esta colección, seriada en diez entregas y con un diseño muy particular que, como su nombre indica, juega con la idea de la caja de formas geométricas con la que suelen jugar los niños.

Hace mucho tiempo, buscando recursos para diseñar una cubierta, me topé por casualidad con un artículo sobre los valores educativos de algunos juegos para niños más o menos tradicionales. En concreto, me quedé prendado del potencial de un juego tan sencillo como el que nos ocupa hoy, pues estimula en los niños la capacidad de planear, predecir y resolver problemas sencillos. A partir de ahí, concebí la colección con la intención de dar cabida en ella a diez poetas muy distintos que, en cierta manera, tuvieran capacidad para encarnar distintas formas, ya no solo de escribir poesía, sino de entender lo poético.

Afortunadamente, poco a poco voy puliendo algunos defectos de maquetación y diseño de cubierta de esta colección que, libro a libro, se va completando. De hecho, en lo que queda de año espero publicar otro poemario más, dejando casi mediado este proyecto tan importante para Piedra Papel Libros que, espero, se siga consolidando con el paso del tiempo.

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Una mujer venciendo

En todo este tiempo no le he visto la cara. No sé quién es. Sin embargo, la mujer de la que hablo tiene mucho que ver con esta aventura, Piedra Papel Libros, con su viabilidad, con su supervivencia. Desde el primer libelo hasta el último libro que acabamos de cerrar, su ayuda ha sido inestimable para rebajar el importe de los pedidos a imprenta. Y eso no es poco; no para el autor de este diario.

Por supuesto, no todo es jauja, seguro que nos hemos puesto mala cara detrás de algún correo electrónico, pero eso es lo de menos. Lo de más es dolerse por la gente que, se quiera o no se quiera, está detrás de las cosas por las que uno pelea, como este proyecto editorial desesperado y loco, paciente, duro como una piedra.

Mi comercial no es eso. No solo. Me ayuda a que los libros salgan a tiempo y es diligente, educada y ciertamente cordial. He hablado unas cuantas veces por teléfono con ella y, más allá de lo evidente, más allá -y espero no equivocarme, que tengo mal oído- de ese acento sevillano tan reconocible, se halla una profesional en fondo y forma. Pero eso, aquí también, es lo de menos. Lo que importa es lo que digo, ahora, justo ahora, lo que te digo, M: Eres fuerte, vas a vencer y vamos a hacer muchos, muchos, muchos libros más… Yo cuento con ello.