Fe de erratas: Bakunin y los Liebknecht

En la presentación del último número de COTARRO metí la pata. Hablando del artículo Bakunin en Japón (publicado en la octava entrega del fanzine), dije que Bakunin había sido acusado de ser espía del zar en el seno de la I Internacional y que dicha acusación provenía de Karl Liebknecht. Este último fue uno de los fundadores de la Liga Espartaquista en Alemania y fue asesinado la misma noche que Rosa Luxemburgo (ya lo explicamos en el prólogo de El orden reina en Berlín).

Sinceramente, no sé dónde había leído dicha información, pero esa misma noche empecé a tener la sospecha de que había algo que no cuadraba. Salí de dudas hace unos días. Leyendo Las aventuras de Bakunin…, de César Galiano Royo, advertí que no fue Karl Liebknecht quien hizo semenjante acusación, sino su padre, Wilhelm Liebknecht, un acérrimo colaborador de Marx, quien se retractaría públicamente de sus acusaciones en el Congreso General de la AIT celebrado en Basilea en 1869.

Sana tarea la de deshacer entuertos.

Las presentaciones

Las presentaciones. Ay. Casi una hora destripando a Spooner, hablando de la importancia de su obra, de su influencia en el movimiento libertario norteamericano, de su perfil político, de la vigencia de sus propuestas teóricas… Un paseo alrededor de Los vicios no son crímenes.

Y una hora más hablando del último número de COTARRO, poniéndo vídeos, proyectando fotos, abriendo mi mente en canal… Porque eso es COTARRO: un plano de mi estercolero de intereses. Ahí crece mi huerto.

Historias y más historias, relatos extraños, poemas negros, retratos de ciudades medio en ruinas, obras menores de artistas desconocidos, grupos políticos a los que engulló la policía, películas raras… Todo son trozos de la maquinaria con la que me doy cuerda. De hecho, todo el proyecto Piedra Papel Libros se alimenta de esa materia orgánica. Ese es mi humus.

Imposible no tener sed. Imposible no beberse el manso. Las presentaciones, decía, van a acabar conmigo.

COTARRO y las alambradas

Cada vez que entro en un número nuevo de COTARRO pienso en esa frase hija de perra que campeaba en el portal de Auschwitz: el trabajo os hará libres. Lo pienso porque cada vez me cuesta más trabajo terminar la última entrega.

Esta semana he terminado el número 8/10. Solo me quedan dos números para que, de una vez por todas, se acabe esta aventura fanzinera que tanto sudor (y tan poquitas lágrimas) me está costando; sudor, en este caso, significa sacar tiempo para documentarse, escribir fino y procurar que la brevedad de cada espacio no merme su exigencia de legibilidad.

De todas formas, cada vez veo más cerca las alambradas. La historia loca de este fanzine ecléctico se acerca a su fin y, de hecho, ya pienso en el siguiente título. Quien piense que nuestro amor por el fanzine es un amor de infancia, se equivoca de plano. La Colección Fan de los Zines dará cuenta de ello.

El día 18 presento Los vicios no son crímenes y este nuevo número de COTARRO. El acto se celebrará en el Centro Social Autogestionado “Jaén en pie”. Menos mal que hemos llegado a tiempo. Allí nos vemos.

De ferias y sistemas

Se acabó el Encuentro del Libro Anarquista de Madrid y hago balance de las ventas. Los compañeros del Ateneo Libertario de Salamanca fueron los encargados de llevar nuestras publicaciones a ese evento. Se vendió prácticamente todo (apenas si sobró un par de ejemplares de El orden reina en Berlín). El año que viene, si se puede, intentaremos poner en una mesa de venta; así conocemos a nuestros futuros lectores y, de paso, asistimos a las charlas (que, por lo que he podido leer, han tenido un buen nivel y han generado bastante debate).

De todas formas, hay que asumir que es imposible estar presente en todos lados. Cada vez hay más eventos relacionados con el mundo del fanzine, la edición independiente o la autoedición. Si quisiéramos, y tuviéramos dinero pasar asumir el costo de los desplazamientos, podríamos estar cada fin de semana en alguno de estos saraos. Sin embargo, es una dinámica tan exigente que, en este punto, celebro cada fin de semana que me quedo en casa.

De todas formas, lo malo de esta dinámica pre-fordista de tener el taller en casa es que siempre acabas sacando tiempo de donde no lo hay para seguir currando. Cosas que tiene este, digamos, domestic system editorial.

Echar a rodar

Bueno, vamos a ver qué sale de todo esto. De momento, parto de la base de que, en mi situación actual (calendarios estrechos, fechas tope, poco tiempo para trabajar, etc.), es necesario que algo muera para que un nuevo proyecto pueda salir a flote.

Por eso mismo, he decidido cerrar  Tr(a)nshistoria (escribiré el último post dentro de unos días) para poder escribir de manera más o menos frecuente en este blog que, espero, dé cuenta de cómo va creciendo esta pequeña locura editorial llamada Piedra Papel Libros.

Del nombre ya hablaremos otro día. Lo importante es que se abre otra nueva puerta. Si queréis, nos veremos por aquí a cada tanto: Diario de un editor lumpen. Aventuras editoriales bajo el suelo de la industria cultural.