Antes de las primeras lluvias de otoño

Llega el verano otra vez y de nuevo me asalta la ficción de que puedo aprovechar estos dos meses, en los que no tengo vacaciones, para adelantar todo el trabajo del mundo con la editorial. Lo peor de todo es presuponer que vas a tener tiempo cuando, luego en realidad, tienes el tiempo tan ajustado como siempre. En todo caso, soñar es gratis y todavía pesa el recuerdo del verano de 2013, cuando me puse a darle forma a este proyecto que crece poco a poco, Piedra Papel Libros.

Ahora tomo notas para intentar poner en orden todo el plan de publicaciones. Siempre existe esa tensión entre las tareas urgentes, aquellas que no exigen demora, y las importantes, que son las que garantizan que la editorial siga en pie. Trabajar sobre la idea de un plan cerrado nunca ha sido santo de mi devoción, pero sí que necesito echarle un poco de tiempo a pensar (y repensar) en todos los posibles títulos con los que estamos trabajando, valorando en condiciones cada manuscrito y pensando el encaje que puede tener cada uno de ellos en nuestro catálogo.

Este año queríamos sacar diez novedades, pero va a ser difícil. Tenemos el tiempo justo para sacar adelante el trabajo mínimo de la editorial y a eso se le suma el hecho de que también nos encargamos de todo el trabajo de distribución. Imposible. Encima, este año estamos trabajando con libros considerablemente más voluminosos que todos los anteriores y eso se nota, claro está, en el tiempo de preparación que le dedicamos a cada título. Solo hay que pensar en las semanas que nos ha llevado editar Huérfanos de historia y utopía, nuestra última novedad, que tiene cuatrocientas páginas.

En todo caso, estamos contentos. Poco a poco vamos aproximándonos al número de puntos de venta que nos habíamos fijado como mínimo y hemos estado presentes en un montón de eventos editoriales, como ferias del libro o presentaciones y recitales que hemos organizado desde Piedra Papel Libros. Por otro lado, nos satisface pensar que algunos de los temas que nos interesan también llaman la atención de un puñado de lectores y lectoras a los que cada vez vamos cogiendo más cariño y que nos apoyan cotidianamente, no solo comprando libros.

En fin, no sé el tiempo del que vamos a disponer este verano, pero seguro que trabajaremos lo suficiente como para que alguna novedad pueda salir al mundo antes de las primeras lluvias de otoño.

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Detrás de los libreros

Nunca es plato de buen gusto andar detrás de los libreros recordándoles que tienen facturas que pagarnos desde hace varios meses. Nos da vergüenza, nos incomoda y nos hace sentirnos un poco estúpidos, la verdad, cuando ni siquiera se nos da una respuesta al preguntarles por qué no se nos liquidan algunas facturas por importes pírricos.

Todos vamos apretados. Todos amamos lo que hacemos y le echamos tiempo, calentamientos de cabeza y mucha, mucha paciencia a nuestro oficio. En nuestro caso, y lo hemos dicho muchas veces, nos tiramos al barro (de montar una editorial) sin apenas conocimientos y sin un euro de inversión en el proyecto. A pesar de lo anterior, hemos sentido el vértigo del riesgo a cada paso, aunque para nosotros las pérdidas se midan sobre todo en horas (las que nos quitamos de sueño, las que no le dedicamos a los nuestros, las que dejamos de tener para escribir…). Por todo lo anterior, creo que todos los que formamos parte del sector del libro nos merecemos el mismo respeto.

Como decía al principio, a nadie le gusta ir por ahí a modo de cobrador del frac. Nos saca de nuestras casillas detraer tiempo dedicado a la creación de buenos libros porque nos vemos obligados a ir detrás de algunas librerías y puntos de venta que no pagan y que en algunas ocasiones ni tan siquiera dan señales de vida.

Por suerte, la mayor parte de los puntos de venta con los que trabajamos son formales y muchos de ellos cuidan nuestros libros de una manera muy especial, por lo que no tenemos palabras para agradecer lo fácil que nos lo ponen todo. Desde luego, si no fuera por ellos nuestros libros no llegarían a quienes tienen que llegar. Además, nos sentimos especialmente orgullosos de que algunas librerías con las que trabajamos se hayan convertido en auténticos ateneos culturales, espacios de agitación, debate y encuentro que nos gustaría que proliferasen por doquier.

Prefiero pensar que vamos a ser capaces de avanzar junto a las librerías que, como las anteriores, nos han demostrado que hacer las cosas bien significa hacerlas de manera honesta, evitando subterfugios y favoreciendo el beneficio mutuo. Por lo demás, que cada cuál valore cómo está haciendo las cosas y asuma las consecuencias. El tiempo lo pondrá todo en su sitio.

Balance de 2017

Se acaba el año y, sin apenas darnos cuenta, en el verano de este otro año que acabamos de empezar, 2018, cumpliremos cinco años de aventura.

Siete títulos y una coedición. Esas han sido las cifras, modestas, de un 2017 en el que hemos intentado reequilibrar el catálogo, publicando más novedades de las colecciones literarias que del resto de colecciones. En este caso, de Libros del Borde, la colección de ensayo político, solo hemos publicado un título: Autoridad y culpa. Apuntes de Filosofía Política, de Víctor Atobas; un libro con mejor salida de la que esperábamos y al que le queda mucho recorrido todavía.

De nuestra línea de fanzines, nos hemos vuelto a dejar en el tintero el último número de COTARRO, cuya edición está cerrada pero del que no hemos sacado las 100 copias que siempre tiramos en fotocopiadora. Por contra, Infancia y control social. Desmontando mitos sobre infancia y escolarización, de Mario Andrés Candelas, ha sido un fanzine con el que le hemos podido dar continuidad a una línea editorial que nos interesa especialmente y que está relacionada con temas de infancia.

Otro de los errores de este año ha sido que finalmente no hemos podido publicar ningún texto de nuestra Serie Transhistorias. Un error del que pretendemos resarcirnos el año que entra y que esperamos no volver a repetir, ya que la de historia es una de las colecciones fundacionales de la editorial y hay muchos lectores que le siguen la pista.

Por su parte, la colección de la que más títulos hemos publicado ha sido la de poesía, Caja de Formas, que poco a poco se va cerrando y que está cumpliendo con nuestras expectativas. Hasta tres novedades de esta colección han visto la luz este pasado año: Poemas rescatados de las llamas, de Víctor Mesa, Las voces indomables, de Manuel Lombardo Duro, y Pequeñas canciones para un circo mudo, de Ángel Rodríguez, el último libro que hemos publicado en el año.

Por otro lado, el perfil literario de la editorial se ha visto reforzado este año, además, con la publicación de dos títulos con mucho trabajo detrás. El primero de ellos ha sido de La hemorragia de Constanza, de Damián Cordones, un título que nos reportará muchas satisfacciones a medio plazo y que ha engrosado la lista de títulos publicados en nuestra colección de relato, Cuentos Secuaces. El segundo título a tener en cuenta en este sentido ha sido La tribu del abecedario, del que hablamos sobradamente en la última entrada de este mismo blog.

Finalmente, y junto a los errores y decepciones que nos han hecho seguir aprendiendo, a lo largo de este año hemos tenido un buen puñado de alegrías reseñables. La primera es que, gracias a la labor de mi compañera Araceli, hemos aumentado considerablemente el número de puntos de venta, mejorando al mismo tiempo el control del proceso de distribución de nuestros títulos. Por otro lado, hemos sacado nuestra primera coedición, en este caso con los compañeros de Calumnia Editorial. Se trata de La Tormenta, una pequeña revista de poesía que pronto liberaremos en internet y cuyo segundo número se publicará dentro de unos meses. Por otro lado, hemos podido apoyar a algunos proyectos libertarios (siempre muchos menos de lo que nos gustaría) aportando libros para sus bibliotecas sociales, lo que siempre es una satisfacción porque contribuye a forjar vínculos entre iniciativas afines.

En definitiva, 2017 ha sido un año en el que hemos consolidado una parte del trabajo que veníamos desarrollando desde que decidimos tomarnos la editorial como un proyecto de continuidad que, más allá de los fanzines, trabajara sobre la base de un puñado de colecciones que dieran salida a nuestros intereses como editores. Esperemos que 2018 nos permita seguir avanzando en esta línea. Por nosotros no va a quedar, ya que tenemos que batirnos el cobre para sacar adelante la decena de proyectos comprometidos para este año que entra (y principios de 2019). ¡Avanti PPL!

Bailando con la tribu del abecedario

Hace mucho, mucho tiempo, mientras tenía en mente escribir un libro de cuentos de título irrenunciable, El Club de los Poetas Hiperviolentos (Piedra Papel Libros, 2016), empecé a tomar notas sobre un grupo de personajes ficticios, todos relacionados entre sí, que solo tenían en común su manera de vivir, más o menos relacionada con el oficio de poeta. De ese magma, de ese cuaderno de trabajo que fue creciendo con el tiempo, fue saliendo un libro de biografías que, en un primer momento, sirvió de base para escribir el relato que cerraba el libro del que os hablaba, y después tomó vida propia, convirtiéndose en lo que es hoy, La tribu del abecedario.

Como editor, La tribu del abecedario es un libro que no he sabido dónde ubicar. No es un libro de cuentos, no es un libro de poemas y tampoco un libro de biografías al uso. De esa indefinición, que no me resulta en absoluto incómoda, nace la idea de no encajar el libro en ninguna de las colecciones de la editorial. Se trata, por tanto, de una obra fronteriza, liminar, armada sobre veintisiete biografías narradas en primera persona. Veintisiete biografías a través de las cuales se puede reconstruir la vida, y la deriva, de un grupo de poetas ficticio, claro, pero que puede servir de espejo a muchos colectivos que a través de la literatura intentaron transformar el mundo, o su mundo más cercano al menos.

Este sábado tenemos la primera presentación del libro. Será en Jaén y espero que marque el inicio de un recorrido largo, que cierre, eso sí, un ciclo -el iniciado por El Club de los Poetas Hiperviolentos– que poco a poco va dejando sitio a otros proyectos, sentimentalidades, imaginaciones.

 

Nueva temporada, viejos retos

Vuelve el otoño y con él hacemos cuenta de la lista de retos que tenemos por delante para esta (especie de) nueva temporada. El primero de ellos, como siempre, es garantizar la viabilidad económica del proyecto. Para ello era necesario aumentar los puntos de venta durante el mes de verano y lo hemos conseguido de sobra, aunque queda mucho camino por delante en este tema. Después de haber decidido seguir manteniendo la distribución de nuestros libros, no queda otra que ampliar el mapa de librerías afines, lo que a corto plazo implica un aumento del tiempo invertido en la preparación de envíos, control de los depósitos, cierre de liquidaciones, etc.

Por otro lado, en este tiempo hemos aprovechado para cerrar prácticamente la edición de los dos próximos títulos de la editorial. Si todo sale bien, esperamos mandarlos a imprenta a principios de octubre, lo que nos garantiza un otoño ajetreado de presentaciones. Y eso sin tener en cuenta que antes de que acabe el año queremos sacar otros dos más.

Mientras tanto, a finales de agosto sacamos un nuevo fanzine, Infancia y control social. Desmontando mitos sobre infancia y escolarización, de Mario Andrés Candelas, cuya distribución va a muy buen ritmo y al que le auguramos un largo recorrido. Como hemos dicho muchas veces, el hecho de que ahora mismo pretendamos sostener el catálogo sobre la base de los libros de imprenta no quiere decir que no queramos seguir trabajando con la línea de fanzines, a la que nos sentimos apegados y que tantas satisfacciones nos reporta. De hecho, otro de esos retos de los que hablaba al principio es publicar de una vez por todas el último número de COTARRO, en el que llevo atascado más de un año y para el que nunca encuentro tiempo.

Sea como fuere, de aquí a final de año toca currar mucho y enfrentar con buena disposición de ánimo las dificultades que nos vamos encontrando en el camino. Somos optimistas, aunque no sabemos muy bien qué quiere decir esto en un momento como el actual, cuando resulta verdaderamente complicado no dejarse arrastrar por el desánimo y la frustración que provoca el estado de las cosas.

De cierres e incorporaciones

La nuestra es una editorial minúscula. Con poco más de veinte puntos de venta amigos, nuestras tiradas son pírricas en relación a las de otras editoriales. Sin embargo, y a pesar de la exigua dimensión de nuestro proyecto, el trabajo que requiere una editorial como Piedra Papel Libros hace que sea una aventura prácticamente inviable para una sola persona. De hecho, hace unos días nos llegó la mala noticia del cierre de Diaclasa, un sello amigo radicado en Barcelona, y a cuyo editor tuvimos el gusto de conocer hace unos meses en el Encuentro del Libro Anarquista de Madrid. Por suerte para PPL, todo el trabajo de edición y distribución ahora lo llevamos entre dos personas, lo que ha consolidado el proyecto y, lo más importante, ha logrado desatascarlo de una situación en la que el cierre era una posibilidad real.

De hecho, y a pesar de nuestros números, hace unos meses nos sorprendió la propuesta de una distribuidora alternativa de cierto nombre que nos propuso empezar a trabajar con ella. Desde luego, y teniendo en cuenta que no nos dedicamos a la edición en exclusiva ni de manera profesional, desentendernos de todo el curro de distribución sería una gran ventaja, pues nos ayudaría a centrarnos en el trabajo de edición propiamente dicho, lo que, a corto plazo, nos ahorraría problemas importantes, como la insuficiencia de proyectos de publicación concretos que hemos padecido en el último año (de ahí el cambio en nuestra política de aceptación de originales). Sin embargo, y después de valorarlo seriamente, por ahora vamos a declinar el ofrecimiento, ya que trabajar con una distribuidora nos obligaría a producir otro tipo de libros (más extensos, más caros y que requerirían mucho más trabajo) para garantizar la viabilidad de nuestro proyecto editorial, que -todo hay que decirlo- cada vez es más importante en nuestras vidas.

En todo caso, lo importante ahora es no frenar la inercia de estos últimos meses; una incercia positiva fruto del importante trabajo desplegado y que nos ha hecho aumentar de manera progresiva los puntos de venta, mejorando las posibilidades de distribuir nuestros libros, folletos y fanzines, algo que nos resulta especialmente gratificante, ya que poco a poco vemos como la cifra de ejemplares producidos de cada título va creciendo gracias a la incorporación de nuevas librerías interesadas en nuestro trabajo. A seguir así.

Editores colgados

Hoy quería actualizar el blog con otra cosa. De hecho, ayer tomé unas cuantas notas para enlazar algunas ideas apresuradas sobre la edición de poesía en la actualidad y su relación con entornos culturales especialmente tribalizados como el de las ciudades pequeñas. Pero lo dejaré para otro rato.

Hace unas horas, cuando salía del curro para ir a comer, me he encontrado por casualidad con un editor con el que he coincidido en algunos saraos de Madrid en los últimos años. De repente me ha extrañado verlo fuera de contexto, todo manchado de yeso, con ropa de trabajo y una lata de bebida energética en la mano. Nada más vernos, nos hemos saludado con afecto, le he preguntado qué hacía y me ha contestado que venía de currar. Luego me ha dicho que se dedica a los trabajos verticales, que ha pasado mucho tiempo colgado y que estaba muy cansado. Después nos hemos despedido y, justo antes de marcharme, me he dado la vuelta y le he dicho que no lo dejase. «No dejes la editorial».

Poco después, justo de camino a la oficina de correos donde, precisamente, iba a enviar unos paquetes de Piedra Papel Libros, he cambiado de opinión con respecto a la actualización de este irregular diario. Porque hoy quiero hablar de ese editor. O, más bien, del ejemplo que presenta. Porque, sí, la mayoría de editores que conozco viven o malviven de otra cosa. En ese sentido, se diría que la mayor parte de ellos editan por amor al arte. Entonces, ¿de dónde sacan las ganas? No sé. Cualquiera que haya trabajado en la construcción sabe cómo llega uno a casa diariamente tras la jornada laboral. Por eso me ha parecido algo digno de contar lo de este hombre, algo que, por otro lado, me tranquiliza y me hace sospechar al mismo tiempo. De mí también, claro. Porque me pregunto si merecerá la pena tanto tiempo dedicado, tanto cansancio, tanta comedura de cabeza… Sospecho fríamente de toda forma de heroísmo. ¿Y es que acaso aquí no hay? Vean si no a nuestro amigo.

Poemas rescatados de las llamas

Mañana mismo nos llegan los ejemplares de la primera tirada de Poemas rescatados de las llamas, el cuarto título de nuestra colección de poesía, Caja de Formas. Hay mucho trabajo detrás de ese poemario. Trabajo por parte del autor, desde luego, pero también por parte nuestra. Es la primera vez que le metemos mano a un poemario tan extenso como el de Víctor Mesa y el hecho de que muchos de los versos sean bastante largos nos ha obligado a darle muchas vueltas a todo el trabajo de maquetación. La corrección también ha tenido lo suyo.

En todo caso, estamos muy contentos de cómo ha quedado el libro. Será el primer poemario publicado de Víctor Mesa (fuera de obra colectiva) y nos sabe muy bien haber iniciado el año publicando a dos autores tan jóvenes como él y Víctor Atobas, artífice de Autoridad y culpa. Apuntes de Filosofía Política.

Las presentaciones de ambos libros se realizarán en este mismo mes y será un gusto compartir con los autores la publicación de sus trabajos. No obstante, nos hace especial ilusión compartir un rato con todos nuestros amigos y lectores de Jaén, que seguro acudirán a la presentación del libro de Víctor. De hecho, la colección Caja de Formas se planteó en su día como un aporte más a la nutrida (y nutritiva) escena poética local, donde espacios como La Caja de Lot o el Slam Jaén siguen en plena forma.

«Amor a la vida»

He estado a punto de caer. «Amor a la vida», así se llama el relato de Jack London que casi publico en la colección de cuento. Una tentación, claro. Y es que digo he estado a punto de caer porque tras editar El mexicano me prometí leer con calma a London. Y es esa, calma, una palabra clave en este asunto. Porque qué sentido tiene sacar una edición más de un relato publicado en mil sitios, muy accesible al público y bien traducido por Carmen Criado en la edición de Alianza Editorial*. Ninguno.

Pero «Amor a la vida» es un relato pozo. Uno se asoma a él y no ve casi nada, tan solo el fulgor de un reflejo de belleza antigua, y áspera. Un cuento que sabe a gran literatura, esa que tiene forma de camino y al final es una (bendita) trampa. Por eso mismo este relato merece ser tratado con amor y cierto desprendimiento; lo que obliga a templar los nervios, dejar pasar el tiempo sin angustia y no desmerecer con mi torpeza un texto, este del escritor yanqui, sobre el cual edificar una universidad invisible.

* «Amor a la vida» se incluye en El silencio blanco y otros cuentos, Jack London (Alianza Editorial. Madrid: 1978, trad. Carmen Criado).

Los 7 magníficos de 2016

2016 acaba y nos dejamos un año con 7 títulos más en nuestro catálogo.

Empezamos la hornada con Ni intelectualismo ni estupidez, de Wolfi Landstreicher, un pequeño texto del que me enamoré tras leerlo del tirón en la web de la revista Nada. Cuarto título de la colección de fanzines, resume como ningún otro buena parte de lo que pienso con respecto al papel de los “expertos” y “opinólogos” en la sociedad actual.

Cuaderno de veredas es el último libro de poemas que hemos editado. Tenía muchas ganas de que José Pastor, un currante de la vida y la literatura, tuviera en la calle un poemario a través del cual recorremos un trecho del itinerario vital de un poeta al que le queda mucho mundo, y poesía, en las alforjas.

El tercero del año ha sido el mío: El Club de los Poetas Hiperviolentos. Un libro que escribí poco después de finiquitar 50 pasos para dar el salto… y que afronté con la pretensión de apartarme del microrrelato. Una coleccción de cuentos en la que trabajé durante años y con la que, ahora sí (tras su reedición hace unos meses), sonrío satisfecho, sobre todo tras ver como algunos de sus relatos han fecundado en mi cabeza historias nuevas de las que el tiempo ya dirá.

Otro título que me ha obligado a repensar algunas ideas de este proyecto editorial ha sido Carl Einstein o la historia casi imposible, un folleto de la Serie Transhistorias del que sacaremos dentro de unos meses su tercera versión, tras reeleborar sucesivamente una cubierta con la que hemos tenido más problemas de la cuenta y que, todo hay que decirlo, ha deslucido las buenas sensaciones que la salida de un título nuevo suele producir en cada editor.

El “pelotazo” del año ha sido Contra el running. Corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial, de Luis de la Cruz; un ensayo breve que ha tenido una extraordinaria repercusión en prensa y que ha inducido una modificación de los criterios asociados a la distribución de nuestros libros, propiciando que el tiempo dedicado a esta faceta de nuestra tarea editorial se multiplique (con el ánimo, sobre todo, de no fallar a nuestros lectores con demoras innecesarias).

Por su parte, Arte y Revolución en la Comuna de París, es el primer libro fresado que publicamos en la Serie Transhistorias. Con un diseño muy particular, pues el libro es casi cuadrado, la estructura final de este título se la debemos a Pepe Gutiérrez-Álvarez, uno de los autores, que tuvo a bien gestionar la cesión de un artículo de Miguel Romero, fallecido en 2014, para este pequeño ensayo que para nosotros a supuesto un salto adelante en una de las colecciones a la que más cariño tenemos.

Por último, la reedición de La Nueva Utopía, el clásico de Ricardo Mella, se acabó transformando en una apuesta por elaborar una edición bella en todos los sentidos; algo que, no me cabe duda, hubiera sido imposible sin el concurso de Araceli Pulpillo, gracias a la cual el proyecto Piedra Papel Libros se ha sostenido en su tercer año y encara 2017 con cierto optimismo, refrendado sobre todo por el aliento sostenido de nuestros lectores y lectoras, que cada vez son más y a los que les debemos todo, también esta alegría con la que despedimos 2016.