No importa la mala letra, pero ir despacio sí

A todos les cuesta, no digo que no. Lo sé por amigos que también se han embarcado en el nec otium editorial. Pero, a corto o medio plazo, es muy difícil llegar a donde uno quiere sin salvar los obstáculos inherentes que plantea un arranque como el mío. Editar sin tener pasta es algo así como bailar con un saco de mierda atado en el tobillo.

Basta de quejas. Se trata, quizá, de ir paso a paso, no tener prisa. Voy a pararme un poco para consolidar lo andado. Reimprimiré lo que se pueda y enfrentaré las burocracias que he ido postergando durante estos dos años. Cerraré flecos pendientes con los puntos de venta y, si puedo, intentaré mejorar todo el sistema de venta directa y distribución. Finalmente, aprovecharé el verano para cerrar las novedades del próximo otoño y juntar la pasta suficiente para la imprenta.

Toca pararse un rato a tomar aire. Mi vida no es esto, sino solo una parte y cada vez tengo más claro que hay cosas a las que uno no puede renunciar si no quiere verse desdibujado, medio hecho, informe. Volver la cabeza hacia atrás no siempre es malo. De hecho, todo aprendizaje implica un riesgo. Miremos hacia donde miremos, existe una amenaza, y no precisamente la de vernos convertidos en estatuas de sal.