Agotados (y no de esperar el fin)

Conforme pasa el tiempo, el catálogo de Piedra Papel Libros crece, y eso es bueno. Pero también es malo. Malo en el sentido de dificultoso. Malo en el sentido de ir sumando pequeñas complicaciones que, cómo no, hay que aprender a sortear de alguna forma. Hoy hablaré de una de ellas.

Trabajar con pocos recursos implica, entre otras cosas, estar obligado a realizar tiradas pequeñas de cada novedad que saco. Esto favorece que el catálogo no se estanque (ganando así mucha más visibilidad), pero genera inconvenientes lógicos. El más latoso es tener que reimprimir constantemente los títulos que, debido a su corta tirada, se van agotando a cada poco. En realidad, es un auténtico círculo vicioso que, mal que me pese, no he sabido todavía romper. Y es que, se mire por donde se mire, no es de recibo tener tres o cuatro títulos agotados (o a punto de hacerlo) de forma permanente; ya no solo por lo que tiene de lioso en relación a la atención de los pedidos, sino porque implica tener menos dinero para tiradas amplias de los nuevos títulos.

Quizá solucionara esta cuestión sacando menos textos al año, abaratando aún más los costes de impresión o dando por muertos algunos de los títulos publicados a los que, de una manera u otra, ya he sacado partido. En todo caso, será una cuestión a resolver en los próximos meses y que, todo sea dicho, me plantea una serie de retos que tienen que ver mucho con las capacidades de gestión de un proyecto económico o social cualquiera. Quién me diría que me iba a ver en estas.

Preguntas, retos y limitaciones

Días atrás, viendo un documental sobre la aventura editorial de Ruedo Ibérico, llegué a preguntarme hasta qué punto es posible recomponer hoy un tejido editorial, centrado sobre todo en literatura política, como el que hubo en los años setenta. Ya sé que las circunstancias son totalmente distintas, que por entonces la caída más o menos repentina de la dictadura franquista posibilitó la multiplicación de títulos y lectores, pero actualmente, y tal y como están las cosas, sería deseable amplificar el espíritu crítico y la capacidad de análisis de los que, tras la enésima crisis del capitalismo internacional, seguimos estando abajo y -como diría un amigo- cada vez con menos tela que cortar.

No obstante, y a pesar de los fracasos y las limitaciones, estamos asistiendo en los últimos años a la proliferación de un buen número de iniciativas editoriales de muy diverso tipo que, partiendo del entorno militante del movimiento libertario y la izquierda menos esclerótica, están multiplicando la producción de títulos interesantes que, en la mayoría de casos, suelen estar muy ajustados de precio, lo que sin duda favorece su divulgación. Pienso, por ejemplo, en La neurosis, Descontrol o Antipersona, aunque solo sea por citar tres proyectos. Sin embargo, y no restando importancia a lo anterior, las limitaciones de esta pequeña industria cultural autogestionaria impiden que la mayor parte de estos libros puedan romper el círculo de los lectores militantes, lo que, a mi modo de ver, resta capacidad de influencia y, por tanto, merma el potencial de transformación social inherente a la producción de imprenta.

Romper, por tanto, la barrera de lectores previsibles, desbordando las fronteras que nos ponen (y ponemos) para la circulación de nuestros libros, quizá sea un reto interesante que, todo hay que decirlo, quizá debería enfrentarse de manera colectiva y más o menos coordinada. Está por ver.