Fanzinerosos

En tierra de nadie, así, como un intruso, una especie de traidor, el editor en ciernes, incapaz de renunciar al viejo vicio (que no crimen) del fanzine. Decidme, cuates, ¿por qué me miran raro al decir que voy a seguir editando fanzines? Ah, ya, puede ser eso de la madurez… Parece que después de publicar un ensayo de 150 páginas ya no se puede publicar nada que huela a cartulina y grapas. ¡Qué madure el tomate de tu…!

Contrólese, señor Consumo Editor, que al fin y al cabo ha venido para quedarse, y eso implica, antes que nada, pasárselo bien. Pues claro que voy a tirar hacia delante con la Colección “Fan de los Zines” (así, con z de fanzine). Es un formato que te permite pasar de la imprenta, montar el texto en tu propia casa y trabajar manualmente. Además, el riesgo es inexistente, ya que, si quieres, puedes imprimir a demanda de pedidos y sin un número mínimo (no como en la impresión digital, donde te penalizan si no sacas un número determinado de ejemplares). Por eso mismo, avisamos a todos los navegantes: precisamente porque pretendemos llegar mucho más lejos, no vamos a dejar de publicar fanzines.

De momento, ya llevamos ocho números de COTARRO y dos títulos más editados en ese formato: Asaltados o asaltantes y Ciencia ficción radical. Muy pronto sacaremos otro.

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Yo no sé dónde va esto

Yo no sé dónde va esto, la verdad. No es malo lo anterior en absoluto. Solo digo que no tengo ni idea de qué rumbo tomará este invento editorial que empezó como una broma. De hecho, no he sido consciente de la envergadura del barco hasta que, el sábado pasado, participé en una mesa redonda donde conté la pequeña historia de Piedra Papel Libros.

Por eso mismo anoto estas palabras en esta bitácora tan frágil como el proyecto en que se embarca; porque, al fin y al cabo, necesito exorcizar algunos miedos diminutos que se instalan poco a poco en el quehacer cotidiano de este extraño oficio. Miedo, por ejemplo, a dejar de escribir, o peor, a dejar de imaginar. Porque es difícil, mucho, sacar tiempo para echar a rodar una buena historia y llevarla finalmente a puerto seguro. No es fácil, desde luego, y a veces me consuela pensar en algunos escritores que pasaron buena parte de su tiempo editando a otros autores, pero me digo a mí mismo que el tiempo lo pondrá todo en su sitio. ¿Escribir? ¿Editar? Tal vez haya que elegir un día. Ahora mismo prefiero no pensarlo. Se trata de hacer lo que uno quiere y eso es lo importante. Lo vivo como una suerte.