Los siete vampiros de oro

Venga, vamos a retomar el pulso del asunto; ahora que he salvado los muebles después de haber estado al borde del desastre (provocado por la rotura fortuita del disco duro de mi ordenador). Lo primero es dibujar en el papel una estrategia y apuntar un puñado de tareas que, ahora sí, son ineludibles. Después viene lo de siempre: trabajar todos los días, hacerle un hueco a la ilusión y no desfallecer en esos momentos en los que todo amenaza ruina.

Después hay que mirar al calendario. Sí, ya lo he decidido: he anotado, uno tras otro, los siete próximos títulos del catálogo. Hasta que no vean la luz, no pensaré en otros textos que editar. Siete, aunque podría haber sido alguno más; en todo caso, los suficientes para decirme a mí mismo que aquí estamos, que hay que seguir currando, que merece la pena volver a encontrar tiempo y calentarse la cabeza un poco más. Esto es tener una pequeña editorial que navega en las aguas pantanosas del subsuelo de la industria cultural, esa falacia.

Los próximos meses son claves. Confío en los siete vampiros de oro que he elegido para seguir peleando. Son textos valientes, algunos casi desesperados, que claman al cielo ser editados de una maldita vez. Ni el bueno de Kung-Fu podrá con ellos. Me callo antes de truncar el texto con una de mis salidas absurdas.

¿Por qué lo de los siete vampiros? Quizá lo sospecháis algunos… Pinchad aquí.